Durante tantos milenios como llevan existiendo, los humanos no han comprendido en realidad qué es el amor. ¿Cuánto hay de físico y cuánto de mental en todo eso?¿Cuándo es accidente y cuándo destino?¿Por qué se destruyen parejas que son perfectas y funcionan otras que parecen imposibles? No conozco las respuestas mejor que ellos. El amor está simplemente donde está.


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La balanza

Cuando despertó, ella ya no estaba allí. Se sintió perdida, como en un mundo descabellado, donde nada parecía tener el más mínimo sentido. La quería. ¿A caso era éso algo malo? Se preguntaba si algún día podrían dejar de verse a escondidas, de desaparecer de la cama de la otra a las tantas de la madrugada, de pasear sin darse la mano. Deseaba poder tenerla a todas horas como la tenía en la intimidad. Cuando hacían galletas juntas y se llenaba la cara de harina y terminaban las dos más revueltas que juntas, tiradas por el suelo, arrebozadas con harina.

Quería que los días de lluvia viendo películas ñoñas no acabaran nunca. Sólo deseaba tenerla para ella, comersela cachito a cachito, disfrutándola. Admirar su sonrisa, acariciarle el pelo, respirar su olor.

Y, pensando ésto, se daba cuenta, que aunque el mundo les diera la espalda, que aunque sus famílias nunca lo entendieran, quería pasar el resto de la vida junto a ella. Sentir sus labios calientes sobre su piel y sus pies fríos siempre que entraba a la cama. Se daba cuenta de que no podía, o más bién, no sabría vivir sin ella y que, dejándo de lado todo lo malo, lo que tenía era perfecto y, sin duda, era feliz.